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Escritos sobre música

El músico ambulante

~ Miércoles, 13 de abril de 2005 ~

Artículo escrito el 25 de junio de 1999. Lo recupero ahora porque me lo ha recordado una entrada de Burdon.


Se podría escribir una tesis sobre "El canto del gallo", buscando las referencias y los significados que contiene, enlazándola con otras canciones de Radio Futura (y en general de Santiago Auserón), pero yo soy más modesto y me voy a conformar con hacer un pequeño estudio con el objetivo de demostrar lo que para mí es una verdad evidente: es una obra de arte y es una obra maestra.

Para apreciarla en su totalidad, lo mejor es seguirla por partes, degustar sus versos según nos van apareciendo, así que eso es lo que voy a hacer.

Tras la melodía inicial, que ayuda a que la canción sea reconocible independientemente de la parte que se escuche, llegan los cuatro primeros versos:

El jaleo de los días de feria
ya se oía a un kilómetro del pueblo
y un extraño acento en el hablar
de los que halló por el camino.

Al entrar en la canción estamos entrando en un mundo, y lo primero que vemos es un jaleo de días de feria, cerca de un pueblo, con gente de acento extraño. Llegamos por un camino y estamos a un kilómetro del pueblo, no sabemos qué historia nos van a contar, pero con sólo cuatro versos ya podemos oír el ruido del mundo en el que nos introducimos. Dos motivos se utilizan en estos cuatro versos, entreverados: en las líneas 1 y 3, se alude al sonido que nos envuelve, empleando palabras sencillas pero evocadoras: "jaleo", "feria", y el "extraño acento en el hablar"; en las líneas pares, nos situamos en el espacio: el camino. Si una película hubiese de filmar la historia que aquí se encuentra, la cámara vendría del sol y descendería a ese camino; el sonido iría creciendo al acercarse a ras de tierra, hasta encontrar el jaleo y luego el acento extraño.

La frase desarrollada en esta primera estrofa tiene toda la riqueza rítmica que se le puede pedir a un poema. Son palabras que se recuerdan fácilmente, que a pesar de no ser vocablos extraños impactan. La sintaxis no es la más natural, pero tampoco resulta chocante, no atenta contra el orden natural del español.

La historia sigue describiendo el mundo:

Un coro de muchachas y una vieja
levantándose las faldas al bailar
y un jovencito de broma peligrosa
haciendo gala del orgullo local, [...]

Estamos entrando en contacto con los habitantes. De nuevo el sonido evoca: un coro de muchachas. El ambiente de fiesta, de día de feria, se refuerza, se explicita con ese "levantándose las faldas al bailar" y esa broma. Aparece otro elemento: la unión de la felicidad al orgullo local. Pronto vamos a ver la importancia de esta asociación:

de los que dan dinero por la noche
para que nunca termine su canción,
para que sude el músico ambulante
su condición de vagabundo.

Aquí está el contraste: del orgullo local al músico ambulante, que tiene una condición, la de vagabundo. Podría pensarse en una reiteración (ambulante y vagabundo) pero no lo es. Ambulante es quien va de un lado a otro, pero no tiene el matiz peyorativo de vagabundo. Un vagabundo no es sólo alguien que deambula por el mundo, no: es alguien que "vaga" por el mundo. La etimología lo une claramente a vago, y vago viene del latín "vacuus", vacío. Estos cuatro versos, que finalizan la primera estrofa de la canción, nos han llevado de la alegría de un día de feria al vacío de la vida de un músico que recibe dinero de noche por cantar una canción que ya no es como el coro de las muchachas, que ya no se supone preñada de dicha, sino que alude a un vacío.

En estos versos se concentra una descripción de la vida del músico vagabundo, una descripción no muy halagüeña: trabaja por la noche y tiene que sudar para conseguir dinero, es su condición, y nunca termina su canción: la eternidad añade a la maldición bíblica, «vivirás del sudor de tu frente», más dolor.

En los siguientes cuatro versos se marca un cambio de escena:

Es ya la hora del aperitivo
y todavía no funciona el tiovivo.
El músico buscó la acera en sombra
y la ventana donde olía a flor.

He utilizado la expresión cambio de escena porque creo que es así, que la canción nos permite ver una película dentro de nuestra cabeza. En la primera escena, la cámara llegó a un camino y fue presentándonos un ambiente hasta acabar con el que, como se ve por la reiteración de su presencia en esta nueva escena, va a ser el protagonista principal: el músico ambulante. Es una técnica muy habitual del cine hacer un plano general, abierto, para situar a los personajes y luego ir centrándose en uno en concreto, que destaca entre los demás: aquel cuya historia va a ser el hilo de la película.

En esta nueva escena encontramos una referencia temporal y otra espacial que ayudan, al mismo tiempo, a marcar el cambio con la estrofa anterior y a seguir nuestra inmersión en el ambiente de fiesta: la hora del aperitivo y el tiovivo. El sol, que indudablemente brilla durante toda esta parte de la narración, hace que el músico se aparte para buscar la acera en sombra, lo que es casi como decir que el músico huye del sol, prefiere la penumbra: otra descripción sutil de su personalidad. O de su condición. Y el último verso nos ofrece otra más: busca la ventana donde huele a flor. En una ventana así, sólo puede ocurrir una cosa: una mujer.

«Tenga esa rosa blanca, señorita,
a cambio de su negro pensamiento.
¿Por qué motivo temblaron sus labios
y en sus ojos el fondo de un volcán?»

Por primera vez se deja la tercera persona para pasar al estilo directo. El personaje del músico ambulante ya no se muestra desde fuera: se muestra desde las palabras que le salen de muy dentro. Y qué palabras... Hay una economía de medios increíble: con el diálogo no sólo se nos describe al personaje sino también a otro que no había aparecido hasta ahora. Y la descripción es todo lo hermosa e intrigante que puede ser. ¿Quién no pondrá en la cara de esa mujer los rasgos más bellos? ¿Quién no anhelará conocer los misterios que le provocan un temblor de labios? No hay ninguna superficialidad en ella. La misma rosa blanca que le ofrece el músico es un reflejo de su pureza a pesar de sus negros pensamientos.

En la brevedad de una estrofa, toda una historia de amor, desde el principio hasta el final. La elipsis es enorme, pero no nos impide saber todo. Sólo que la cámara no lo muestra y el montaje nos lleva a otra localización con violencia:

Y mientras tanto corría la sangre
en la plaza como un vino común
y las plumas de los gallos
por el aire volaban aún.

El contraste es pronunciado: de la delicadeza del diálogo entre el músico y la mujer de negros pensamientos a una descripción de lo que ocurre unas calles más allá, en la plaza: la violencia loca de los hombres. La razón para el rápido cambio es contarnos que la estirpe de los mortales llevamos todo dentro: el amor y la crueldad se pueden dar al mismo tiempo. Pero dicho así, como lo digo yo, no deja de ser un tópico y, como tal, una media verdad. En cambio, con las palabras de la canción, no se dice expresamente pero queda ahí, un poso inconsciente, y lo comprendemos con mayor profundidad, sin analizarlo, como se comprenden las verdades inmediatas.

Detengámonos un momento en estos versos para analizar un detalle de la forma: la rima. Las palabras agudas terminadas en "u" no son frecuentes en español y por eso, en las canciones vulgares -e incluso en algunas buenas-, suelen acabar apareciendo siempre las mismas en las mismas previsibles rimas: "tú", "luz", "cruz", "azul", "juventud", "blues" (que ni siquiera es de nuestra lengua) y para de contar. Sin embargo, aquí se esquivan todos esos tópicos sin, en ningún caso, sonar retorcido o rebuscado. Lo que no quiere decir, desde luego, que en realidad no haya un gran esfuerzo de búsqueda del poeta detrás de esa rima.

En este punto, la canción abre un interludio instrumental, un descanso para que las emociones de las últimas dos estrofas puedan reposar en nosotros, los oyentes degustadores. La pantalla hace un fundido a negro.

Entonces, una nueva estrofa:

«Quítese usted de en medio, forastero,
que ya no quedan señoritas en el bar.
Ya cantó como el gallo de pasión
pero esta es mi canción y el baile va a empezar.»

Otra vez nos encontramos con la escena casi acabada y, a través de las frases puestas en boca de un personaje, nos cuentan toda la historia: ha pasado la tarde y empieza el momento en el que la fiesta se vuelve peligrosa. El personaje que increpa al músico puede ser el joven del principio, el de la broma peligrosa, u otro cualquiera: lo que es seguro es que es del lugar... y el músico es forastero. Ese es su pecado. Acabado su trabajo, tocar, no se puede quedar al otro baile, que está reservado a los lugareños.

Un contraplano y la cámara muestra como en silencio responde el músico:

El músico ambulante se agarró del vaso
y sintió que flotaba en la luz artificial,
apuró el trago de madrugada...
Un borracho imitaba el canto del gallo.

No le queda otro remedio: calla y bebe un trago de madrugada. Se siente fuera, muy lejos, en la luz artificial (qué contraste toda esta escena de luz fría con la luminosidad cálida del sol en la primera parte de la canción) y se va. Escucha (qué importantes los sonidos en la película) una imitación del canto del gallo hecha por un borracho: es una burla al músico ambulante que es rechazado por la realidad y vive en una alborada falsa.

Se va, qué remedio:

Se deslizó por una callejuela
antes de que empezase a clarear
y al pasar por la ventana enrejada
suavecito empezó a silbar.

Antes de que el sol le recuerde su soledad, se va. Pero pasa por la ventana enrejada tras la que está la mujer y empieza a silbar: ¿por qué? ¿Cómo una contraseña? ¿Como un remedio? Nos lo aclara la siguiente estrofa:

Pero nadie conocía la tonada
que era inventada para la ocasión
y se fue por el camino a contemplar
los desvelos de las últimas sombras.

No, no es una contraseña: nadie conoce esa tonada. La inventa, como una forma de pensar, como quien habla solo: nadie más le comprende, sólo las últimas sombras.

Pero el autor de la canción sabe lo que dice la tonada:

Y caminando iba pensando que ganar
siempre es tentar a la otra cara de la suerte
y que por eso te hacen daño los huesos
cuando golpeas fuerte.

Sabemos de esta manera elíptica que tampoco tras la ventana enrejada tuvo suerte o que, como mucho, fue un golpe fuerte, de los que hace daño a quien los da.

Y así se fue apretando los dientes
en memoria de un actor
cuyo nombre se ha perdido
y que hacía de bandido.

La cámara sigue al músico y en la canción se hace explícita su relación con el cine. Pero la música tiene una ventaja con respecto a las imágenes: permite más libertad, hay sugerencias y mezclas anacrónicas que nos trasladan a un mundo inexistente que representa al mundo de siempre. Sólo en los westerns, hacia los que apunta esta estrofa, se dicen frases como "Quítese usted de en medio, forastero". Pero en los tiempos de la conquista del oeste no había tiovivos ni luz artificial. No importa. Siempre ha habido músicos ambulantes y siempre ha habido peligrosas gentes del lugar que espantan a los forasteros.

El músico nunca gana, pero tampoco es un fracasado:

Y sintió la alegría del olvido
y al andar descubrió la maravilla
del sonido de sus propios pasos
en la gravilla.

Así acaba la letra, con una descripción optimista basada, una vez más, en el sonido. Sobre sus pasos la cámara desciende y lentamente se oscurece la imagen en la reptición cíclica de la música. Y de la vida.

¿Dónde está la pobreza estilística, la bisoñez, la superficialidad en esta canción? ¿Por qué no puede pertenecer a las nóminas de las grandes obras de arte y a las de las obras maestras? Para mí es evidente que ese es su lugar.

Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
Pop | Comentarios (2) | Referencias (0)

Comentarios

vega ~ 14-04-2005 16:28:52 #

bueno... parece que va de análisis la primavera! es curioso como cada uno interpretamos las mismas cosas y también bastante divertido!

Guillermo Hoardings ~ 15-04-2005 22:40:34 #

Vega, Seguro que si lo hubieras escrito tú habría sido más divertido :-) Yo tengo una tendencia al rollo que no la puedo controlar ;-)

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