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Escritos sobre música

Auanbabuluba Balambambú

~ Domingo, 31 de julio de 2005 ~

Crónica de la noche del sábado 23 de julio de 2005 en el Crossroad Festival de Gijón



¿Quién me iba a decir a mí que iba a coger el mismo autobús de todas las mañanas de trabajo para ir a ver a Little Richard? Pero esta vez no iba cargado de estudiantes y gente que va al hospital, esta vez llevaba a muchos enfermos de rock'n'roll que se dirigían al Crossroad Festival. Se les podía distinguir fácilmente porque llevaban la pulsera que permitía pasar varios días. Y casi todos iban de negro, elegantes a la par que rockeros.

Legué tarde al concierto, como me ha pasado mucho últimamente. Hay que entender que yo pertenezco a otra generación: esa que estaba acostumbrada que cuando un concierto estaba anunciado a las 11 de la noche no empezase hasta las 12 y media mínimo. Y además habían empezado tarde los dos días anteriores del festival, ¿cómo iba a saber que justo el día que asistía yo iban a empezar a la hora?

El caso es que cuando llegué a las 9 menos cuarto ya estaba Lee Rocker tocando un contrabajo plateado. Sonaba bien, con una banda solvente que incluía dos guitarristas con unos instrumentos de colección, algo por lo demás que se vio bastante esa noche. Soy un inculto total (mejor reconocerlo que intentar pasar por lo que no se es) en la música de Lee Rocker, aunque imagino que una que decía algo de «Stray Cats» sería de su anterior grupo. Fue breve: a las 9:30, como estaba planeado, acabó.

El siguiente fue Colin James, un guitarrista canadiense. Era muy... correcto. Sí, creo que ese adjetivo es lo que más le encaja. Hacía un rock/blues/pop estándar, muy bien hecho, con gran despliegue de medios (saxos, teclados...), pero que desde mi punto de vista no aportaba nada, al menos si no conocías las canciones. Estuvo más tiempo que Lee Rocker y se hizo de noche con él.

Sin dar ni un momento de descanso, en cuanto acabó comenzaron en una carpa más pequeña Eero Raittinen & the Noisy Kinda Men. Eran un grupo de gente más bien talludita que hacían rock más escorado al rock'n'roll tradicional que Colin James. Se les veía también músicos competentes. Y ya está.

Entonces llegó la gran atracción de la noche: en el escenario central empezó a tocar una banda de músicos que sonaban como un tiro. Hicieron una canción instrumental de presentación donde cada uno hizo un solo, solos como fuegos artificiales que, probablemente, tenían como objetivo que el técnico de sonido ecualizase. El que más me impresionó fue el bajista: aunque tocaba canciones de rock'n'roll, entre los arpegios típicos le daba tiempo a meter slap. Un monstruo, que probablemente tocaba más notas de las necesarias pero que quedaba muy espectacular. También había un buen guitarrista, un buen teclista, una buena sección de metales... y dos baterías, no sé con qué objetivo, aparte de dar espectáculo, porque tocaban ambos lo mismo.

Y entonces el trompetista, que hacía de director musical, presentó al «Arquitecto del Rock»: Little Richard. Sólo por verlo salir, vestido entero de blanco, con unas lentejuelas o piedras brillantes en las solapas que destellaban como si llevasen electricidad por dentro, mereció la pena la noche. Caminando de una forma muy particular -recuerda a la de Chiquito de la Calzada, pero que este debió de copiar a los negros porque Maceo Parker el otro día hizo lo mismo-, llegó a subirse al piano antes de tocar una nota... eso sí, apoyándose en la mano del trompetista porque Ricardito no estaba para caerse y romperse la cadera.

Fue un show, un auténtico show. Hacía tiempo que no me reía tanto en un concierto. El hombre todavía cantaba, cuando cantaba, porque en seguida se quedaba sin aliento y no podía cantar más, pero no dio ni una nota fuera de tono e hizo sus característicos gritos, vamos que no duraba mucho pero lo que hacía lo hacía bien, y tampoco parecía que sus manos estuviesen artríticas a juzgar por las pocas veces que se puso a tocar el piano en serio. Pero él no estaba allí para eso: él estaba para que le viesen (eso sí, sin poder grabarlo porque pidió a la gente que apagaran las cámaras -«They understand it in English»- y las pantallas a los lados del escenario no funcionaron durante su actuación) y para lanzar su mensaje. Nos dijo que uno de sus hermanos estaba repartiendo libros gratis. Y era verdad: algo así como «El Señor es tu camino».

Hubo momentos hilarantes, como cuando empezó a pedir a la gente que dijese «Tuti Fruti, but in Spanish» (uno de mis amigos, cuando se lo permitía el ataque de risa, gritaba «Todo frutas») o cuando cantaba «Aunbabuluba» y la gente contestaba «Balanbambú», y él repetía el «Aunbabuluba» porque quería que la gente lo repitiese y no lo completase...

Fue toda una experiencia, verle interpretar el «It's Only Rock'n'Roll» de los Rolling Stones pero cantando sólo la frase del título, oírle pedir que subieran al escenario diez mujeres gordas, ver cómo un machaca negro de 4x4 se ponía a su lado para que los que habían subido al escenario no le molestasen... No, no fue emocionante contemplar a una leyenda viva del rock'n'roll, pero fue muy divertido y nos recordó que el rock'n'roll también es espectáculo y diversión.

Luego actuaron en la carpa pequeña los A-tones. Hacían power rock o algo así. Yo aproveché los escuché de lejos mientras me tomaba un bocadillo de lomo que me interesaba más que su música. Eso sí: la batería estaba en manos de una mujer que le pegaba con muchas ganas. Creo que fue la única mujer entre los más de 30 músicos que vi esa noche.

Cuando acabaron, la gente (no demasiada, pero más que otros días según me dijeron) fue a ver a Los Lobos en el escenario central. Tenían dos tipos de canciones: las rockeras, en las que tocaban con tres guitarras y metían demasiada bulla para un viejo cascarrabias echado a perder como yo, y las tradicionales, en las que metían acordeón y una guitarra más pequeña que las guitarras españolas y que me gustaría saber cómo se llama. Un amigo mío decía que aquello era pachanga. Yo sólo sé que me gustaba mucho. Definitivamente, el rock'n'roll ya no es lo mío. Si algo me gustó de verdad en toda la noche fue poder escuchar por fin en directo «Anselma», ese corrido que descubrí en una cinta en la que también estaban «La banda del coche rojo», «Juan el Charrasqueado» y «Laredo»... Acabaron con una versión cañera de «La bamba» que mezclaron con un clásico del rock de los mil que existen con los mismos acordes y cuyo nombre no consigo recordar ahora.

Eran ya las cuatro de la mañana y en la carpa pequeña empezaron Superratones... pero mi cuerpo ya no estaba para más trotes, así que nos fuimos a buscar el autobús y para casa. Fin de una larga noche de rock'n'roll.

Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
Rock | Comentarios (3) | Referencias (0)

Comentarios

Sergio ~ 31-07-2005 23:01:24 #

¡Qué envidia me das de poder haber visto a Los Lobos y (sobre todo) a Little Richard! ¡Y todo en la misma noche!

:-)

Burdon ~ 03-08-2005 14:19:37 #


Yo digo lo mismo que Sergio, que envidiaaaa.. Little Richard y los Lobos y no sé cuantos grupos más. Show must go on!!.

Guillermo Hoardings ~ 03-08-2005 14:25:58 #

Yo hubiera preferido que fuesen en días distintos :-)

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