El hombre que no saludaba
~ Domingo, 07 de agosto de 2005 ~
Crónica del concierto del concierto de Van Morrison en Gijón el 26 de julio de 2005
Lo dije: era el concierto más esperado del verano. Pero, como era de esperar, resultó peor de lo deseado.
Para empezar, llegué tarde: a las 9 menos cuarto, aprovechando todo lo que pude para trabajar. Yo creía que el concierto empezaba a esa hora, pero en realidad abrían las puertas a las 7 y a las 8 tocó
Tejedor. Así que, como llegué tarde y me habían comprado una entrada de las «baratas» (30 euros, en la arena valían 45), tuve un sitio muy malo para ver el concierto: lejos y ladeado.
No eran las mejores condiciones para disfrutar. Pero en general no lo eran tampoco el lugar (la Plaza de Toros) ni la hora: cuando salió la banda, estaba todavía toda la luz del día. Probablemente sea una de esas imposiciones que fijó
Van Morrison para hacer el concierto y poder estar en la cama a una hora razonable. Y mira que yo soy poco trasnochador, pero en ese escenario aquella no era una hora adecuada.
La banda consistía en un teclista/pianista (que no era
Georgie Fame sino
Mark Jordan), un guitarrista (que no era
Ronnie Johnson sino
John Edwards), un saxofonista (que no era
Pee Wee Ellis sino
Martin Winning), un trompetista (
Matthew Holland), un bajista (
David Hayes) y un batería (
Robert Ruggerio). Eran muy buenos. Demostraron que lo que se escucha en los discos en directo también es lo que suena en realidad.
Fueron cayendo canciones, algunas que me sorprendieron, como el «Baby, Please Don't Go» que yo conozco por
AC/DC, un «Have I Told You Lately» a ritmo de swing -que fue lo que dominó a lo largo de la noche-, con muy poca interrupción entre canción y canción. Eso puede denotar profesionalidad, pero a mí también me dio algo de sensación de ganas de acabar rápido.
Tal vez el momento que más disfruté fue el «Jackie Wilson Said (I'm in Heaven when You Smile)», una de esas canciones que no me explico cómo no es un clásico que todo el mundo conoce, porque es de las que te da una inyección de energía positiva que ni una sobredosis de Prozac. Vamos, que es perfecta para un anuncio de Flex, porque la escuchas por la mañana y dan ganas de comerse el mundo.
El público, que abarrotaba las gradas de la plaza (no la arena), participó todo lo que pudo dando palmas e incluso intentando bailar. El sonido era muy bueno, aunque un poco bajo.
Me sorprendió que tocase todas sus canciones más conocidas: desde «Bright Side of the Road» hasta «Gloria», pasando por «Brown Eyed Girl». Tal vez sólo faltó «Wild Night».
Tras hora y media, cuando por fin era de noche, se marchó y no volvió. Sin ni siquiera saludar.
Y yo me quedé con la sensación de que eso no es lo que yo desearía. No me pregunten por qué. Tampoco fue malo. Pero...
En cualquier caso, seguiré disfrutando de sus discos cada noche antes de acostarme.
Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
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