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Escritos sobre música

Orgullo y prejuicio

~ Domingo, 09 de abril de 2006 ~

«Soy muy sensible a la belleza», dice una de las grandes frases de Calamaro, y yo siento que habla por mí. ¿Pero quién no se cree sensible a la belleza?

Sin embargo, hay gente que dice: «No me interesa la pintura» o «No me interesa la literatura», y yo digo: «No me interesa la música».

Puede parecer extraño después de estos kilobytes y kilobytes de escritos sobre música, pero el artificio se hace evidente para cualquiera que los lea: siempre hablo, ante todo, de palabras. Lo que más me gusta de la música es la letra.

Tuve una época en la que intenté acercarme al jazz instrumental. Fui a conciertos, saqué discos de la biblioteca, también libros... y llegué a una conclusión: no me gusta la música instrumental. Me costó aceptarlo: admitir que a uno no le dice nada algo que las almas sensibles y los mayores conocedores califican de supremo es admitir la propia insensibilidad, la falta de gusto o de conocimientos. Pero es así: no me interesa la música si no tiene letra.

Como consecuencia, me sobra toda la música clásica. Así, a lo burro, como si fuera una bestia del campo. Por eso estoy escribiendo ahora estas líneas: porque a pesar de todo, hoy me ha conmovido música exclusivamente instrumental y de aire clásico. En concreto, la banda sonora de la adaptación de «Orgullo y prejuicio» que se hizo el año pasado. Me preguntaba si esas obras para piano que me parecían tan bellas pertenecerían a Mozart o Beethoven y, con mi enorme incultura, me las habría estado perdiendo hasta ahora. Pero parece que no, que son originales de Dario Marianelli para la película.

Por supuesto, es ridículo pensar que estas imitaciones actuales son mejores que los originales. Hay una frase con la que finaliza «Alexander Platz» de Franco Battiato, envuelta en unos hermosos arpegios de piano, que siempre me ha hecho soñar con toda la belleza que debe de haber en la música clásica y me estoy perdiendo con mi (in)sensibilidad: «¿Te gusta Schubert?». Creo que una vez incluso saqué de la biblioteca unos cuartetos del compositor austriaco, simplemente por esa frase. No sé si llegué a escucharlos. Si lo hice, obviamente, no me impresionaron: no los recuerdo. Así que si hoy estoy conmovido por la música de «Orgullo y prejuicio» debe de ser, en realidad, no porque sea mejor que la de Schubert, sino porque es música con letra: la letra está en las imágenes de la película.

Hay mucha belleza en ellas. A veces parecen cuadros; por ejemplo, esta composición:

O esta otra:

Creería que el árbol es de cartón piedra si no hubiese visto uno similar una vez en medio de Canon Drive, en Los Ángeles.

Estas otras dos escenas me recuerdan a un cuadro que he estado buscando por mucho tiempo y que se titula algo así como «La novela romántica» y muestra a una mujer extasiada en la lectura:

A veces se me hace sospechosa tanta belleza: está claro que es falsa; el cine, el arte todo, es un artificio, y sólo es verdaderamente bueno cuando más allá de los trucos esta la vida de verdad. Esa misma sospecha la traslado a la música: ¿será sentimental en vez de sentida?

Probablemente uno de los caminos para ser feliz es no pensar demasiado. Si lo haces, caerás fácilmente en la duda y ya no podrás disfrutar la belleza sin un punto de escepticismo. No me puedo engañar: muchos hombres caemos fácilmente seducidos ante la belleza femenina y eso afecta a nuestro criterio. La presencia de Keira Knightley en la película probablemente me esté obnubilando el juicio y haciéndome creer que me gusta la música instrumental. Sí, eso lo explicaría todo.

Postdata: Ayer escribí lo anterior y hoy, en frío, analizo esas últimas frases de escepticismo y recuerdo que están en contra de lo que escribí cuando vi «Lugares comunes»: que no está claro que la lucidez no tiene por qué llevar a la duda. Caer en el sentimentalismo, creer en los sueños, es un vicio peligroso, pero a veces tenemos que permitírnoslo. Olvidemos la razón: en ese momento la belleza está ahí, por muy ficticia que sea; si no aspiramos a confundirla con la realidad, está bien.

Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
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Comentarios

Sirenita ~ 09-04-2006 14:15:14 #

Despreciar la música clásica es un delito capital que no se puede decir en alto, corres el riesgo de que te lapiden :-p Pero no seré yo la que lance la primera piedra ;-)

A mí me encanta, de hecho, es la que suelo tener de fondo en casa. Clásica y opera. Ambas me fascinan. En este momento, precisa y curiosamente estoy escuchando Arrival of the Queen of Sheba de Handel, que me encanta, suena a primavera. Aunque la nuestra esté siendo fría y lluviosa, al menos de momento.

Pero yo me acerco tanto a la música como a la literatura con los ojos y oídos de un profano que no busca sino pasar un buen rato. De ahí que no me extienda sobre sus virtudes, sino solo me apoye en las sensaciones que me provoca.

Una buena manera de enamorarse de la música clásica son las BSO, cuya mezcla de canciones populares y clásicos las convierte en vehículos aptos para abrir el apetito. Las hay legendarias, te recomiendo que bucees en tu cinemateca.

Sobre la belleza, ¿quién no ha caído embelesado por ella?. No creo que nadie esté libre de su influjo. En este punto, no puedo por menos citar a Baudelaire cuando decía aquello de: "La belleza del cuerpo es un don sublime que de cualquier infamia logra arrancar un perdón"

¿Los Angeles?. Cada día que te leo descubro algo nuevo. Eres una caja de sorpresas. Y en este caso también hay que recurrir a otros para decirte que al igual que el viejo Bilbo me pareces "un libro en el que hay mucho que leer y faltaría a la verdad si dijese que he recorrido más de un par de páginas".

¿Has comprado por fín el nuevo de Quique?. Espero crítica.

Gracias por la puntualización de la noticia que te linkeaba en el post anterior. Mi incultura cibernética había hecho que me quedara en la superficie.

Chinese Dance de Tchaikosvsky...Ésta la he bailado en el cole...Porgi Amor de Mozart...No me digas que no te gustan :-)

Sergio ~ 09-04-2006 19:49:06 #

Gran texto Guillermo. Ya se echaban de menos :-)

Salud,

Guillermo Hoardings ~ 11-04-2006 07:54:38 #

Eva, mi problema con la música clásica, además de la falta de una letra en la que apoyarme (incluso cuando hay letra: si es difícil entender lo que dicen en la zarzuela, no te cuento en la ópera en alemán ;-)), es que suele tener un ritmo muy difuso y una dinámica muy grande, vamos que sube y baja mucho de volumen. Ni idea de por qué, pero eso son dos características que no me suelen gustar en la música.

Una vez escuché una frase sobre la belleza que me gustó mucho: "A estas alturas, la única revolución posible es la belleza". El problema es que la belleza del cuerpo es efímera y yo tengo el prejuicio de que es mejor lo duradero.

No te creas que soy íntimo de Los Ángeles: sólo hice un viaje de una semana hace tres años. Pero allí, en medio de la ciudad, descubrí unos árboles increíbles, lo que es bastante curioso viniendo de Asturias :-)

Ya tengo el disco de Quique. Habrá crítica.

Gracias por tu comentario, Sergio.

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