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Escritos sobre música

Bodas, autopistas y cintas de música

~ Martes, 02 de mayo de 2006 ~

Ayer iba a escribir. Lo juro. De hecho, lo escribí: en mi cabeza. Y hasta tenía un título que se parecía a este pero no era este. Al final no lo pasé a unos y ceros. Pero hoy he leído un escrito de Cristina sobre esos discos de antes y al verme reflejado he decidido escribir mi parte de la historia, hablar de mis cintas de antes.

El fin de semana pasado fui a una boda en Álava. En el coche sólo había un casete, así que tiré de las cintas que tengo por casa, esas que vienen del siglo pasado, de un mundo anterior al CD y al DVD. Cogí una de Barón Rojo, otra de Queen, un par de música brasileña y varias de flamenco.

Empezamos escuchando dos cintas míticas, llamadas «Kiko Veneno 1» y «Kiko Veneno 2». Son la grabación de un concierto de la gira «Kiko Veneno y Juan Perro vienen dando el cante» que echaron en el Trópico Utópico de Radio 3 sobre el año 93, con su increíble sintonía de Henry Fiol de la que tengo que hablar algún día. Allí ya estaba el «Duro de pelar» con la que Juan Perro versioneaba el «Hard to Handle» de Ottis Redding que yo entonces conocía (y adoraba) en la versión de Black Crowes. Y estaba el «Memphis Blues» en una versión con más letra que la que luego grabó Kiko en «Está muy bien eso del cariño». Y los grandes clásicos de «Échate un cantecito», pero con Raimundo Amador a la guitarra.

Sin embargo, eso no es lo mejor. Cuando se acaba el concierto, Rodolfo Poveda se lió a poner flamenco, más bien del nuevo, y puso a Camarón haciendo «Volando voy», a Ray Heredia, a «Pata Negra» (con dos instrumentales espectaculares, pero instrumentales y ya sabéis lo que pienso de la música instrumental)... Y acabó el programa con unas frases que me sé de memoria: «Últimamente acabo de redescubrir... bueno, de redisfrutar esto. No hace falta presentarlo: vosotros ya sabéis qué es...». Y entonces comienzan unas bulerías que dicen:


Por primera vez,
por primera vez
me he sentío hombre
sin saber por qué:
tú debes tener la culpa
por ser tan mujer.

Yo vengo a traerte los recuerdos
de un hombre que conocí.
Vive, pero vive
acordándose de ti.

Me lo encontré en el camino
y nos hicimos hermanos,
y en una venta,
bebiendo vino y más vino,
a mi hermano del camino
le escuché dos o tres letras:
«Mi novia se llama Estrella
y tiene un firmamento solito pa ella»

Yo no lo conocía pero, parafraseando a Esclarecidos, «me quedé de piedra, me sentí morir»: aquella voz desgarrada me llegó al alma. Llevo desde entonces intentando averiguar qué es. Parte de la letra la he escuchado alguna vez cantada a Camarón, pero no me parece su voz. Tengo la intuición de que es Manuel, el de Lole y Manuel, pero todavía no la he encontrado en su discografía.

En cualquier caso, aquella cinta cambió mi vida: estaba saliendo de la adoración al dios exclusivo del rock cuando descubrí el flamenco, no por su inextricable polirritmia, por los vertiginosos picados de guitarra, ni por las desgarradas voces llenas de rajo, sino por esas letras, la literatura a la que soy adicto desde niño.

Aquel descubrimiento me llevó tiempo más tarde a otra de las cintas que nos acompañaron en el viaje: Carmen Linares cantando las canciones populares recogidas por Lorca. Parafraseando de nuevo a Esclarecidos: «Es difícil imaginar que nada pueda ser mejor» que ese «Romance Pascual de los Pelegrinitos» o esa «Tarara» que de repente me llevó a una infancia que tenía totalmente olvidada. Pero ahí estaba también el descubrimiento del contrabajo de Javier Colina en esa tremenda nana del galapaíto. Ayer pensaba, recordándola, que me gustaría ser mujer para cantar nanas a un hijo como sólo las puede cantar una madre.

También se incluyen versos retocados por Lorca, como esos famosos del «Zorongo gitano»:


La luna es un pozo chico
las flores no valen nada;
lo que valen son tus brazos
cuando de noche me abrazas.

Tengo los ojos azules,
y el corazoncito igual
que la cresta de la lumbre.

De noche me salgo al campo
y me harto de llorar
de ver que te quiero tanto
y tú no me quieres ná.

Veinticuatro horas del día,
veinticuatro horas que tiene;
si tuviera veintisiete,
tres horas más te querria.

Este gitano está loco,
loco que le van a atar;
que lo que sueña de noche
quiere que sea verdad.


Y esa otra copla de «Anda jaleo» que me recuerda a «La paloma» hecha por Caetano Veloso que también descubrí a través de Trópico Utópico:


No salgas, paloma, al campo,
mira que soy cazador,
y si te tiro y te mato
para mí será el dolor,
para mí será el quebranto.


Pero en la cinta de Carmen Linares, grabada de la biblioteca, también están de relleno unas grabaciones de Camarón. Voy a citar de memoria, porque no tengo tiempo ahora a andar buscándolas, pero hay letras que me hicieron y me hacen pensar más que muchos libros de filosofía:


Quiere al amante que gime de felicidad
y desprecia al hipócrita que reza una plegaria.


Dice una de ellas, que es sin embargo una plegaria.


El mundo, un grano de polvo en el espacio;
la ciencia de los hombres, palabras;
los pueblos, los ríos y las flores de los siete climas,
son sombras de la nada.


(Descubro buscando en Internet que son palabras de un matemático y poeta persa, Omar Jay'yam. Increíble. ¿Quién dice que los hombres de ciencia somos seres sin sentimientos?)


Viejo mundo
que el caballo blanco y negro
del día y de la noche
atraviesa al galope:
eres el triste palacio
donde cien príncipes soñaron con la gloria,
donde cien reyes soñaron con el amor
y se despertaron llorando


¡Ay! Pero cambiemos de cante, escuchemos esas alegrías que dicen:


¿Quién te ha quitaído el color
que estás tan descolorida?
Te lo quitó un marinero
con palabritas de amor.

Y a los titirimundis,
que yo te pago la entrá.
Que si tu mare no quiere,
«Ay, qué dirá, qué dirá...»
y ay qué tendrá que decir
que yo te quiero y te adoro
que yo me muero por ti.


Y esa otra que tan bien ejemplifica el mito de la familia:

A un anciano le pegué
porque me faltó en la calle
y al año, cuando me enteré
que ese hombre era mi padre,
gotas de sangre lloré.


Mito porque no es tu padre quien te da los genes sino quien te cría.

¿Y qué decir de una de las más deliciosas y sutiles letras eróticas que he escuchado nunca?


La que me lavó el pañuelo
fue una gitanita mora,
mora de la morería:
me lo lavó en agua fría,
me lo tendió en el romero
y le canté por bulerías
mientras se secó el pañuelo


Junto a esa otra que dice:


Una noche tan fría
y oscura de terciopelo,
cuando puso por mantilla
su mata de pelo negro,
se estrelló junto a la mía
su boca dándome besos


Y esa otra honda verdad moral con un tremendo cambio de ritmo por medio:


Eso que tú haces no se hace,
eso que tú haces no está bien.
Eso no está bien, eso no se hace
con el mayor enemigo del mundo,
que mira si tu pena es grande


Y qué decir de esta tan desgarradora como la voz del Camarón:


Era tan grande mi dolor,
que me encontraba yo malito en la cama...
¡Por Dios, llamadme a otro doctor!
que me quitara estas fatigas
que yo tengo
dentro de mi corazón.


Por no hablar de esa tan pesimista que dice:


La suerte y la inteligencia
se pelaban un día
y la suerte le decía:
«Te voy a dejar sin conciencia.
Ya te acordarás algún día».


Ay, «que del cielo nos cayó una estrella chiquitita que se llama Camarón», como decían Ketama...

Pero también escuchamos las cintas de «Todo Brasil», las fueron el cabo del hilo por el que empecé a meterme en ese subcontinente musical. ¡Cómo no convertirme con canciones como «Desafinado», «Manha de Carnaval», «Estoy loco por ti, América» y tantas y tantas otras, y sobre todas una: «Dois Pra la, Dois Pra Ca», de Ellis Regina...

Y no pude llevar la cinta de «Family», que hace poco citaba Cristina y este fin de semana mi hermana me dijo que los había descubierto. No pude llevarla, porque como muchas otras que eran mis favoritas en 1996 las llevé a Montreal cuando me fui un mes de vacaciones, a uno de los viajes más importantes de mi vida. Allí se quedaron, perdidas, y sólo Internet me ha permitido recuperar algunas, como «Los gitanos cantan a Lorca», otra maravilla de la que tengo que hablar otro día.

Ah, esto se ha quedado un rápido inventario de nombres y letras, y yo lo que tengo son sentimientos... Bueno, al menos lo intenté, al menos pasé a bits una pequeña parte de lo que quería decir.

Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
Latina | Comentarios (5) | Referencias (0)

Comentarios

sarnina hoardings ~ 03-05-2006 09:58:18 #

hermano!! aún no he terminado de leer tu entrada y ya te tengo que comentar! resulta que una de las canciones que ando escuchando últimamente es ésa de Lole y Manuel. De hecho, la tenía en el mp3 cuando íbamos en el coche pero yo no recuerdo haberla oído. Me la bajé con la banda sonora de Volando Voy aquí:
http://vianant05.blogcindario.com/2006/02/00006-va...
Se titula "por primera vez".
Sigo leyendo...

Guillermo Hoardings ~ 04-05-2006 22:30:48 #

¡Qué casualidades hermana!

Como esta otra: Estoy leyendo «La senda del drago», el último libro de José Luis Sampedro y me encuentro estas palabras del protagonista:


De chaval yo pensaba ser cantaor. No es que tuviera buena voz, sino que envidiaba a los cantaores, por las verdades que decían: ¡hay coplas muy hondas, mujer, por eso le llaman así a nuestro cante! Yo quería gritar lo que la gente vive y lo que no vive, pero no me salía. Y ahora se me ocurre que aquello era querer escribir [...]


¡Qué grande Sampedro!

Burdon ~ 05-05-2006 16:16:30 #


No sabía que tuvieras una vena flamenca tan acentuada. Yo también he investigado bastante en la discografía de Lole Y Manuel, están muy bien las letras y la música. Muy flamenco te veo yo. ;-)

Guillermo Hoardings ~ 07-05-2006 12:12:42 #

Burdon: Me gustan mucho algunas cosas del flamenco, pero no soy un "afinionado cabal" (me encanta esa expresión): no me interesa el flamenco instrumental (aunque me parece increíble a nivel técnico), ni el baile, ni los cantes sin ritmo... Vamos, que casi sólo escucho cantes fiesteros tipo bulerías, tangos, fandangos... y alguna soleá. Como siempre, yo llego a la música por la letra y, como dice Sampedro, hay muy buenas letras en el flamenco. Pero vamos, que soy más pelícano que flamenco ;-)

Inviernoazul ~ 17-05-2006 07:16:50 #

Nuestras cintas de antes...distintos estilos, pero cuantos recuerdos nos traen, cosas que creías olvidadas y que en cuanto empiezas a escuchar van volviendo como de entre las brumas...

y te encuentras cosas curiosas...¿cassettes de Pimpinela? por lo visto uno de ellos es de las primeras cintas que les pedí a mis padres que me compraran (yo no me acuerdo, pero al parecer lo ponía el conductor del bus del cole que me traía a casa, y me puse mu pesada hasta que me lo compraron...también yo, en lugar de Parchís, como todo el mundo..)

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