Hay experiencias que cambian tu vida, cuenta Kathy Sierra en una de sus entradas sobre diseño de interfaces, pero lo ejemplifica con un concierto de Radio Head para su hija y cómo después «OK, Computer» ya no vuelve a sonar igual. Eso me ha pasado a mí esta noche, hace media hora: los discos de Kevin Johansen ya nunca volverán a sonar igual, han recibido un remezcla y cada vez que los escuche a partir de ahora van a sonar mejor que antes.
Pero recapitulemos...
Todo empezó yéndome a la Semana Negra solo, como en los buenos tiempos, en aquellas otras experiencias que cambiaron mi vida, los conciertos de Irakere con Chucho Valdés y de Arturo Sandoval, que hicieron que ya nunca la salsa, el son, el filin, fueran para mí músicas extrañas, sino que empujaron al heavy y se instalaron en igualdad de derecho. Solo como entonces fui, pero ahora es difícil no encontrarse con amigos.
Primero fui a ver a Los Floros, que cada vez lo hacen mejor. Se superan y van introduciendo variaciones en los temas de los Deltonos que mejoran los originales, ahí es na. Pero no pude ver su concierto entero: a ellos los veo una vez al mes porque vienen desde Pumarín y a Kevin Johansen no creo que tenga oportunidad de volver a verlo pronto, porque viene desde Argentina.
Allí me encontré con otros amigos, pero me zafé rápidamente de ellos para meterme en el barullo, donde estaba la bancada de fans bailando. Les di la excusa (real) de que quería ver los acordes de «Desde que te perdí» («Me llaman el Hugh Hefner aragonés / seguro que no sabes ni quién es») y llegué hasta casi primera fila, para disfrutar desde ahí uno de los mejores conciertos de mi vida. ¡Cómo emociona cuando unos músicos de la hostia (perdón por el palabro), auténticos virtuosos, ponen todo su arte al servicio de un único objetivo: hacer felices al público! Quien no bailó es que era un palomo cojo, y aún así...
Yo no creí que pudiese reproducir el sonido de los discos, que se me antojaban llenos de complicados arreglos sólo para el estudio. No lo reprodujeron: ¡lo hicieron aún mejor! Un percusionista, un guitarrista con una guitarra eléctrica que no sonaba como una guitarra, un percusionista/cavaquinho, dos flautistas/saxofonistas, un bajista/cantante y un batería que... Tengo que contarlo: yo lo veía y veía la fotografía de portada del libro sobre Vinicius de Moraes que me compré hace dos noches, una especie de Vinicius en delgado. Cuando Kevin lo presentó dijo: «Este hombre ha tocado con Vinicius en la Fusa, pero a nosotros nos gusta decir que Vinicius tocó con él». Era Enrique “Zurdo” Roizner. Como una señal, porque estos días he vuelto a disfrutar ese disco de la Fusa que fue también fundamental en mi educación sentimental, ese disco del que tocábamos 4 canciones en mi anterior grupo, ese donde están versiones impresionantes de «Eu sei que vou te amar», de «Minha enamorada», de «Tomara», de «Si todos fossem iguais a vosse», de la «Samba en preludio»... ¡Cuántas veces he estado en ese falso concierto sin estarlo! Y ahora he estado dentro de un disco de Kevin Johansen, que se descubrió un monstruo a la guitarra, aparte de su portentosa voz, tan pronto grave como aguda, y qué arreglos los coros, y los metales, y la guitarra, pero por encima de todo el baile y la diversión...
He vuelto a casa volando sobre la bicicleta, contemplando la ilusión óptica creada por la luz de la dinamo de que la rueda va hacia atrás. Son la 1:11 y mañana me levanto a las 7 menos cuarto, pero tenía que escribirlo. ¡Ojala mañana esté todavía tocado por el zen-cumbia de Kevin Johansen!
Por Guillermo Hoardings | Enlace permanente
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